Autor

Ignacio Carrión

(San Sebastián, 1938)
Estudió en las universidades de Valencia, Madrid y Lovaina (Bélgica) y acabó Periodismo en 1968. Después de una etapa como librero, fue corresponsal para medios de comunicación como la agencia Efe, ABC, Cambio 16 y Diario 16 en San Francisco, Londres y Washington. Posteriormente se incorporó como redactor jefe y enviado especial al diario El País. Su estilo irónico, incisivo y preciso, en el que el periodismo nunca olvida su raíz literaria, le ha convertido en uno de los mejores reporteros y cronistas de los últimos tiempos. Ha publicado las novelas El Milagro (1990), Desahucio (1996) y Cruzar el Danubio, con la que en 1995 obtuvo el Premio Nadal. También los volúmenes de relatos Klaus ha vuelto (1992) y Pobres mujeres (2010) y los libros de viajes India, vagón 14-24 (1977), Madrid, ombligo de España (1984), De Moscú a Nueva York (1989) y Buscando a Marilyn (2008). Como ensayista es autor de Alabado sea yo (1998) y del volumen autobiográfico Diarios (1961- 2001)/La hierba crece despacio (2007), que se convirtió en un fenómeno editorial por la polémica generada y cuya segunda entrega ha aparecido este mismo año con el título de Molestia aparte (2001-2005).

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    A medio camino entre el diario íntimo y el análisis despiadado de la realidad, Ignacio Carrión continúa confesándose con similar dureza y ajustando cuentas con su amplio entorno en esta segunda entrega de Molestia aparte, que abarca el período que va entre 2006 y 2010 Durante esos cinco años, ya jubilado como reportero del diario El País, cerrando así una brillante carrera profesional dedicada al periodismo, publicó tras un largo y penoso proceso el primer tomo de sus diarios, lo que provocó una tensa polémica con algunos de los personajes citados en ellos, que se intentó apagar con el silencio mediático

  • 19,95

    La publicación de La hierba crece despacio, los diarios íntimos escritos por Ignacio Carrión entre los años 1961 y 2001, sacudió a la paupérrima sociedad cultural española. Carrión no dejaba títere con cabeza y, empezando por él mismo, ponía en evidencia la mediocridad de los dirigentes políticos y sociales. Ácido y cruel, el corresponsal español, que se ha pasado media vida fuera de su país, mostraba una brillante capacidad para confesarse a tumba abierta y poner patas arriba el orden establecido.