Las carreteras que brillan en el bosque del anterior volumen de este poeta parten y llegan siempre a la casa del jazmín. Estos nuevos poemas manan de ese mismo venero de un «sentimiento de la naturaleza» unamuniano, pero sin interferencias de reflexiones teóricas ni elucubraciones metafísicas. En esta nueva entrega la visión es más abarcadora, pero ateniéndose siempre al transcurrir de lo natural, a la rojiza otoñada, a la escarcha sobre las encinas, a los animales salvajes y cercanos —rebecos, jabalíes, la corza y su cría que bajan a comer al prado, siempre los pájaros—, al puerto envuelto en jirones de niebla, al pueblo que aparece y desaparece entre la lluvia y los verdes, a los faros de los tractores semejando luciérnagas gigantes en la siega.







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